Lo que no se ve es lo que más importa
Cuando se piensa en reformar un baño, la atención se va a los azulejos, al plato de ducha y al mueble del lavabo. Sin embargo, la mayoría de los problemas que aparecen después de una reforma tienen su origen en lo que queda escondido: tuberías, desagües, pendientes e impermeabilización. Un fallo en cualquiera de esos puntos no suele dar la cara el primer día, sino meses más tarde, en forma de mancha en el techo del vecino de abajo o de azulejos que empiezan a sonar huecos.
Tuberías de suministro
En muchos pisos de Madrid construidos hace décadas siguen en servicio tuberías de hierro galvanizado, e incluso de plomo en los edificios más antiguos. El galvanizado se corroe por dentro, pierde caudal y acaba presentando fugas; el plomo, además, no es adecuado para el agua de consumo. Si el baño se va a abrir, es el momento de sustituirlas por tubería multicapa o de polietileno reticulado, que no sufren corrosión. Montar una llave de corte para cada aparato facilita mucho cualquier reparación futura.
Desagües y conexión con la bajante
Los desagües necesitan una pendiente continua hacia la bajante para evacuar sin atascos ni malos olores. Cada aparato debe llevar su sifón o conectarse a un bote sifónico registrable, un sistema muy extendido en edificios antiguos que conviene revisar o sustituir. La bajante es un elemento común del edificio: si está deteriorada, su reparación corresponde a la comunidad, pero la conexión del baño con ella tiene que quedar bien sellada para que no aparezcan filtraciones en el forjado.
La impermeabilización de la ducha
Los azulejos y las juntas no son estancos. El agua termina atravesando la junta, sobre todo en la zona de ducha, y si debajo no hay una barrera, acaba en el tabique o en el forjado. Por eso, en una reforma bien planteada se aplica una lámina o un mortero impermeabilizante bajo el revestimiento, tanto en el suelo de la ducha como en las paredes que reciben el agua directamente.
Los puntos críticos son los encuentros: esquinas, uniones entre pared y suelo, el perímetro del plato y los pasos de tuberías. Ahí se refuerza con bandas específicas que absorben pequeños movimientos sin agrietarse. La precaución es todavía más importante en las duchas de obra o enrasadas con el suelo, donde no hay un plato que recoja el agua y toda la responsabilidad recae en la impermeabilización.
Sustituir la bañera por un plato de ducha
Es probablemente el cambio más pedido, por comodidad y por seguridad, sobre todo en hogares con personas mayores. Aunque parece una operación sencilla, hay varios aspectos que comprobar antes de decidir el modelo.
- La posición del desagüe. La válvula de la bañera rara vez coincide con la del plato, y moverla implica abrir el suelo para darle la pendiente necesaria.
- La altura disponible. Un plato extraplano o enrasado con el pavimento necesita espacio bajo el suelo para el sifón. Si no lo hay, toca recrecer o aceptar un pequeño escalón.
- El material del plato. Los de resina con cargas minerales se fabrican a medida y admiten cortes; los acrílicos son ligeros y económicos, y los cerámicos resultan muy duraderos, aunque se ofrecen en menos medidas.
- Las paredes que quedan al descubierto. Al retirar la bañera aparece una franja sin alicatar, y casi nunca se encuentra el mismo azulejo para completarla.
Revestimientos para paredes y suelos húmedos
El gres porcelánico se ha impuesto en los baños por su baja absorción de agua y su resistencia, tanto en el suelo como en las paredes. El azulejo cerámico de pasta blanca sigue siendo una buena opción para paredes, con mucha variedad de acabados y un corte más sencillo. Los formatos grandes reducen el número de juntas, pero exigen paredes muy planas y una colocación cuidadosa, porque cualquier desnivel se nota en los bordes.
En el suelo interesa un acabado antideslizante, al menos en la zona de ducha; los fabricantes indican la resbaladicidad de cada pieza y vale la pena pedir ese dato antes de comprar. El microcemento permite superficies continuas sin juntas, pero necesita un soporte estable, varias capas bien aplicadas y un sellado final adecuado para soportar el agua del día a día.
Ventilar para evitar condensaciones y moho
El vapor de cada ducha se condensa en las superficies frías y, si no se evacua, aparecen manchas negras en las juntas, pintura que se desconcha y olor a humedad. Una ventana ayuda, pero no basta si nadie la abre en invierno. En los baños interiores la ventilación mecánica es imprescindible: un extractor conectado a un conducto que lleve el aire al exterior, nunca a un falso techo cerrado. Si el edificio tiene un conducto colectivo de ventilación, hay que comprobar si admite extractores mecánicos, porque no todos están pensados para ello.
El Código Técnico de la Edificación, en su documento sobre salubridad, recoge exigencias de calidad del aire interior para las viviendas que incluyen la extracción en los cuartos húmedos. En la práctica, un extractor con temporizador, que siga funcionando unos minutos después de apagar la luz, resuelve la mayoría de los problemas sin depender de la memoria de nadie.
Electricidad cerca del agua
El Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión dedica una instrucción específica a los locales que contienen una bañera o una ducha. En ella se definen unos volúmenes alrededor de esos aparatos dentro de los cuales se limita qué puede instalarse y con qué grado de protección frente al agua. Por eso no se puede colocar un enchufe o un interruptor en cualquier punto, y las luminarias próximas a la ducha tienen que estar preparadas para ese entorno.
Si se quiere un espejo con luz integrada, un toallero eléctrico o un calefactor, hay que decidir su ubicación desde el principio para que la toma quede en una zona permitida y protegida por un interruptor diferencial. La reforma es también una buena ocasión para revisar el circuito del baño en el cuadro y comprobar que la instalación cuenta con toma de tierra.









































