Lo que la intemperie le hace a una superficie pintada
Una pintura de exterior trabaja en condiciones muy distintas a las de una pared interior. La radiación ultravioleta degrada poco a poco las resinas que mantienen unido el pigmento, y con el tiempo la superficie empieza a soltar un polvillo al pasar la mano, el llamado caleo o entizado. La lluvia arrastra ese polvo y la película se va adelgazando hasta dejar el soporte al descubierto.
A eso se suman los cambios de temperatura. En el entorno de Madrid, con veranos muy calurosos, inviernos fríos y diferencias notables entre el día y la noche, los materiales se dilatan y se contraen constantemente. Una pintura rígida termina agrietándose, y por esas grietas entra el agua, que en las noches de helada aumenta de volumen y levanta la pintura desde dentro. Por eso los productos de exterior se formulan para ser más elásticos y aguantar mejor el sol, y muchos de ellos, además, para dejar transpirar el soporte.
Muros y cerramientos de parcela
Los muros que rodean una vivienda unifamiliar suelen ser de bloque de hormigón, de ladrillo o de fábrica enfoscada con mortero. Todos comparten un problema frecuente: la humedad que sube desde el terreno por capilaridad. Cuando se pinta la parte baja del muro con un producto que no deja salir el vapor, el agua queda atrapada y la pintura se ampolla o se desprende en una franja cercana al suelo.
Por eso, en muros expuestos se usan pinturas transpirables, que impiden la entrada del agua de lluvia pero dejan salir el vapor. Las más habituales son:
- Pinturas acrílicas de exterior: versátiles, con buena resistencia al sol y fáciles de mantener.
- Pinturas al siloxano: muy repelentes al agua y transpirables, adecuadas para muros que se mojan a menudo.
- Pinturas al silicato: de base mineral, se integran con el soporte y transpiran mucho, aunque solo agarran bien sobre superficies minerales sin pinturas plásticas previas.
- Revestimientos elásticos: forman una capa capaz de puentear microfisuras, útiles en muros con grietas finas, aunque son menos transpirables.
Un muro recién enfoscado necesita tiempo antes de pintarse. El mortero fresco es muy alcalino y contiene mucha humedad, así que conviene esperar varias semanas y seguir las indicaciones del fabricante de la pintura.
Rejas, vallas y barandillas metálicas
En el metal, el enemigo es el óxido. Si se pinta encima sin retirarlo, sigue avanzando bajo la pintura nueva y la acaba levantando en forma de ampollas y escamas. La preparación correcta consiste en eliminar el óxido suelto con cepillo de púas, rasqueta o lija, limpiar el polvo y la grasa y aplicar una imprimación antioxidante antes del esmalte de acabado.
Existen esmaltes que se anuncian para aplicar directamente sobre el óxido y que combinan imprimación y acabado. Funcionan razonablemente bien sobre óxido superficial y bien adherido, pero no sustituyen a la limpieza cuando hay capas que se desprenden.
El caso del acero galvanizado
Muchas vallas y puertas de parcela modernas son de acero galvanizado, es decir, recubierto de zinc. Es una superficie muy lisa en la que la mayoría de esmaltes convencionales no agarran, y algunos sintéticos incluso reaccionan con el zinc y se despegan en láminas al cabo de unos meses. Necesita una imprimación específica para galvanizado o productos indicados expresamente para ese soporte.
Madera al sol: puertas, contraventanas y pérgolas
La madera exterior se mueve con la humedad y el calor, y el sol la degrada en superficie hasta volverla grisácea. Para protegerla hay tres caminos, y no son intercambiables:
- Lasur: penetra en la madera sin formar una película gruesa, deja ver la veta y se renueva con una simple limpieza y una nueva mano, sin necesidad de decapar.
- Barniz de exterior: forma una capa transparente con más brillo, pero bajo el sol directo tiende a cuartearse y su renovación exige lijar a fondo.
- Esmalte: cubre la madera con un color opaco y la protege bien de los rayos UV, aunque necesita una buena imprimación y un mantenimiento regular de cantos y juntas.
Antes de cualquiera de ellos, una madera nueva o desnuda agradece un protector fungicida e insecticida. Y conviene evitar los colores muy oscuros en carpintería orientada al sur o al oeste, porque absorben mucho calor y aumentan los movimientos de la madera.
Porches, aleros y rincones que no ven el sol
Las zonas cubiertas del exterior parecen protegidas, pero tienen sus propios problemas. Los techos de los porches y la cara inferior de los aleros reciben poca luz y ventilan mal, así que en orientación norte es fácil que aparezcan moho y manchas negras. Ahí conviene usar pinturas con aditivos fungicidas y tratar antes cualquier colonia existente.
Los pilares y la base de los muros del porche, por su parte, reciben las salpicaduras de la lluvia y del riego del jardín. Un zócalo con una pintura más resistente, o una mano extra en esa franja, alarga bastante la vida del conjunto.
Seguir la sombra alrededor de la casa
En una vivienda unifamiliar, el sol recorre cada cara a una hora distinta, y eso se puede aprovechar. Pintar una superficie mientras le da el sol directo hace que la pintura seque demasiado rápido, pierda adherencia y deje marcas de empalme. Lo recomendable es ir rotando: la cara este por la tarde, la oeste por la mañana y la sur a primera hora o en jornadas nubladas.
También hay que vigilar la humedad. No conviene pintar si se espera lluvia en las horas siguientes, ni a última hora de la tarde en épocas de rocío, porque la condensación nocturna puede estropear una película todavía fresca. El envase indica las temperaturas mínima y máxima de aplicación, y respetarlas evita la mayoría de los fallos.









































