Para qué sirven y qué pasa cuando fallan
Una cubierta recoge toda la lluvia que cae sobre ella, y esa agua tiene que ir a algún sitio. Los canalones la recogen en el borde del tejado y la conducen hasta las bajantes, que la llevan por la fachada hasta la red de saneamiento, una arqueta o el terreno. Es un recorrido sencillo, pero basta con que un tramo se atasque para que el agua busque otro camino, y ese camino suele ser la fachada, el alero o el interior de la vivienda.
Las consecuencias no siempre son inmediatas. Un canalón que rebosa en cada tormenta empapa la parte alta del muro, pudre la madera de los aleros, mancha la fachada con chorreones y, con el tiempo, provoca humedades en el techo de la última planta. Si el problema está en la bajante o en la arqueta de la base, el agua se acumula al pie del edificio y puede afectar a la cimentación o filtrarse hacia sótanos y garajes.
Qué suele atascar un canalón
Las hojas son el sospechoso habitual, pero no el único. Lo que se encuentra al abrir un canalón descuidado es una mezcla de materiales que, juntos, forman un lodo compacto:
- Hojas secas, acículas de pino y semillas, sobre todo si hay árboles cerca del tejado.
- Tierra y restos de musgo arrastrados desde las tejas por la lluvia.
- Arenilla desprendida de las láminas asfálticas y de las tejas envejecidas.
- Nidos de pájaros y excrementos, especialmente en primavera.
- Objetos que llegan al tejado por accidente: pelotas, plásticos o prendas que se vuelan del tendedero.
En las bajantes, los atascos se forman casi siempre en los codos, en los cambios de dirección y en la unión con el canalón, donde se acumulan las hojas arrastradas por el agua. Cuando el canalón tiene poca pendiente o algún tramo cedido, el agua se estanca, los sedimentos se depositan y hasta pueden crecer plantas dentro.
Señales de alarma que se ven desde la calle
No hace falta subir al tejado para sospechar que algo va mal. Algunas pistas son bastante claras:
- Agua que cae por el borde del canalón en lugar de salir por la bajante cuando llueve con fuerza.
- Manchas verticales, verdín o desconchones en la fachada justo debajo del canalón o junto a la bajante.
- Goteos en las uniones que continúan mucho después de que haya parado de llover.
- Canalones combados, separados del alero o con ganchos sueltos.
- Hierba o pequeñas plantas asomando por el borde.
- Charcos o tierra lavada al pie de la bajante, o una arqueta que rebosa.
Cómo se hace una limpieza bien hecha
El primer paso es tapar provisionalmente la boca de la bajante para que los residuos no se cuelen hacia abajo y formen un tapón más difícil de quitar. Después se retira la suciedad a mano o con una paleta, avanzando desde el extremo más alejado hacia la bajante y recogiendo los residuos en cubos o sacos en lugar de tirarlos al suelo. Con el canalón vacío, se destapa la bajante y se echa agua por el punto más alto para comprobar que corre sin estancarse; si quedan charcos, el problema ya no es de limpieza sino de pendiente, y habrá que reajustar los soportes.
Las bajantes se comprueban dejando correr agua y observando si sale con fuerza por la parte inferior. Si hay un atasco, se trabaja con sondas o muelles desatascadores, o con agua a presión desde abajo, y en los casos difíciles se introduce una cámara para localizar el tapón. Hay que revisar también la arqueta o el sumidero donde desemboca la bajante, porque de poco sirve limpiar arriba si abajo el agua no puede salir.
Los tejados son superficies resbaladizas y frágiles, y muchas caídas domésticas ocurren precisamente al limpiar canalones desde una escalera mal apoyada. En edificios altos o con canalones de difícil acceso se trabaja con plataformas elevadoras, andamios o técnicas de acceso por cuerdas.
La revisión tras el otoño, y alguna más
Si hay que elegir un momento del año, es el final del otoño, cuando los árboles ya han soltado casi toda la hoja y antes de que lleguen las lluvias y las heladas del invierno. En casas rodeadas de árboles, una sola limpieza al año se queda corta y conviene hacer otra a finales de la primavera, cuando caen semillas y flores. También es buena idea echar un vistazo después de las tormentas fuertes de verano, que arrastran mucha suciedad en poco tiempo, y tras una granizada.
Materiales de canalones y sus puntos débiles
Durante la limpieza se ve el estado del canalón como en ningún otro momento, así que merece la pena aprovechar para revisarlo. Cada material envejece a su manera. El PVC, el más común en viviendas, es ligero y económico, pero con años de sol se vuelve quebradizo y sus uniones acaban goteando. El acero galvanizado resiste bien hasta que pierde el recubrimiento y empieza a oxidarse por dentro. El aluminio lacado, que suele instalarse en una sola pieza continua, apenas tiene juntas, aunque los golpes lo deforman con facilidad. El zinc y el cobre son muy duraderos, pero sus soldaduras requieren mano experta cuando fallan.
En todos los casos hay que mirar los soportes y ganchos, la pendiente, los empalmes, las tapas de los extremos y la unión con la bajante. Una pequeña reparación hecha a tiempo evita sustituir tramos completos.
Otras tuberías y desagües exteriores
Además de canalones y bajantes, en el exterior de un edificio hay otros conductos que se suelen olvidar. Los sumideros de terrazas y patios se tapan con hojas y con la tierra de las macetas y, si no evacuan, el agua acaba entrando por debajo de las puertas o filtrándose al piso de abajo. Las gárgolas y los rebosaderos deben quedar libres para actuar cuando el sumidero principal falla. Los tubos de desagüe de los aparatos de aire acondicionado se obstruyen con lodo y algas, gotean sobre la fachada y la manchan. Y las tuberías de agua que discurren por el exterior necesitan un buen aislamiento para no helarse en las noches más frías.
¿Merecen la pena las rejillas y los protectores?
Existen rejillas, cepillos y mallas que se colocan sobre el canalón o en la boca de la bajante para impedir el paso de las hojas. Reducen mucho la frecuencia de limpieza, pero no la eliminan: la suciedad fina sigue entrando, y las hojas se acumulan sobre la malla y pueden hacer que el agua rebose por encima. Funcionan mejor cuando se eligen según el tipo de árbol cercano, ya que las acículas de pino, por ejemplo, atraviesan muchas mallas, y cuando se revisan igualmente cada cierto tiempo. Una simple rejilla en forma de cesta en la entrada de cada bajante ya evita la mayoría de los atascos graves.









































