Para qué sirve una junta de dilatación
Un edificio no es un bloque inmóvil. Sus materiales se dilatan con el calor y se contraen con el frío, el hormigón sigue retrayendo durante años después de construirse, la estructura se deforma ligeramente con las cargas y el viento, y los distintos cuerpos de un mismo edificio pueden asentar de forma diferente. Si esos movimientos no tuvieran por dónde liberarse, se acumularían en forma de tensiones hasta romper el punto más débil del cerramiento.
Las juntas de dilatación son cortes previstos en la fachada que permiten que cada tramo se mueva con cierta independencia. Las hay de varios tipos: juntas estructurales que separan bloques del edificio de arriba abajo, juntas de movimiento en las fábricas de ladrillo, cuya separación máxima regula el Código Técnico de la Edificación, y juntas entre paneles prefabricados de hormigón o entre piezas de aplacado. Todas tienen algo en común: deben quedar cerradas al agua sin impedir el movimiento, y eso es justo lo que hace un buen sellado.
Por qué acaban fallando los sellados
Ninguna masilla es eterna. La radiación ultravioleta, el calor de las fachadas soleadas y los ciclos continuos de apertura y cierre de la junta van endureciendo el material, que pierde elasticidad, se cuartea en superficie y, al final, deja de acompañar el movimiento. Pero muchos fallos prematuros tienen más que ver con cómo se ejecutó el sellado que con el paso del tiempo.
Fallo de adherencia y fallo de cohesión
Observar cómo se ha roto una junta da mucha información. Si la masilla se ha despegado limpiamente de uno de los bordes, se trata de un fallo de adherencia: los labios estaban sucios, húmedos o polvorientos, faltó la imprimación que el soporte necesitaba o el producto no era compatible con ese material. Si, en cambio, la masilla se ha roto por el centro y sigue pegada a los dos lados, es un fallo de cohesión: el sellador estaba envejecido, la junta se mueve más de lo que ese producto admite o el cordón tenía un espesor inadecuado.
Errores de ejecución frecuentes
- Rellenar la junta por completo de masilla, sin fondo de junta, de modo que el sellador queda adherido también al fondo y no puede estirarse.
- Aplicar una capa nueva encima de la masilla antigua en lugar de retirarla.
- Tapar la junta con mortero o con yeso, lo que bloquea el movimiento y traslada las fisuras a otra parte de la fachada.
- Cubrir el sellado con una pintura rígida que se agrieta en cuanto la junta trabaja.
Masillas para juntas de fachada
El mercado ofrece muchos selladores, pero para juntas de movimiento en exterior se emplean sobre todo tres familias. En la ficha técnica de cada producto figura su capacidad de movimiento, que indica cuánto puede estirarse y comprimirse en relación con el ancho de la junta sin romperse, y es el dato que más conviene mirar.
Poliuretano
Ha sido durante años la referencia para juntas de fachada y de hormigón. Tiene muy buena elasticidad y resistencia mecánica, se adhiere bien a morteros y hormigón y admite pintura por encima. Su punto débil es la exposición prolongada al sol, que en algunos productos provoca amarilleo o envejecimiento superficial, y en ciertos soportes requiere imprimación.
MS polímero o polímeros híbridos
Son selladores más recientes, sin isocianatos y con muy poco o ningún disolvente. Resisten bien la radiación ultravioleta, curan incluso con humedad ambiental alta, se pueden pintar en la mayoría de los casos y se adhieren a una gran variedad de materiales, desde hormigón hasta metal o piedra. Por su versatilidad se han convertido en una opción muy utilizada en rehabilitación.
Silicona neutra
Aguanta muy bien el sol y conserva la elasticidad durante mucho tiempo, por lo que es habitual en carpinterías, vidrios y muros cortina. Sin embargo, no admite pintura, capta suciedad y, sobre piedras naturales porosas, algunas siliconas dejan manchas en los bordes. Para piedra existen formulaciones específicas que evitan ese problema.
Las masillas acrílicas, más económicas, solo son adecuadas para juntas con movimientos muy pequeños o para fisuras en interiores; en una junta de dilatación de fachada no duran.
El fondo de junta y la forma del cordón
La parte del sellado que no se ve es tan importante como la masilla. Dentro de la junta se introduce un cordón de espuma de polietileno de celda cerrada, de diámetro algo mayor que el ancho de la junta para que quede comprimido y no se desplace. Este cordón cumple dos funciones: limita la profundidad del sellador y evita que se adhiera al fondo, de manera que la masilla quede pegada solo a los dos labios laterales y pueda estirarse libremente.
Como orientación general, muchos fabricantes recomiendan que la profundidad del sellador sea aproximadamente la mitad del ancho de la junta, siempre dentro de los mínimos y máximos que indique su ficha. Una vez aplicada, la masilla se alisa con una espátula para presionarla contra los bordes, eliminar burbujas y darle una superficie ligeramente cóncava. Un cordón demasiado grueso trabaja peor que uno bien proporcionado, aunque parezca más robusto.
Cómo se renueva una junta deteriorada
- Retirar por completo la masilla antigua y el fondo de junta viejo, con cúter o herramientas oscilantes, sin romper los labios.
- Reparar con mortero los bordes desconchados, para que la junta tenga paredes firmes y paralelas.
- Limpiar el polvo y los restos y esperar a que el soporte esté seco.
- Aplicar imprimación si el fabricante la exige para ese material.
- Colocar el nuevo fondo de junta a la profundidad correcta.
- Proteger los bordes con cinta de carrocero, aplicar la masilla, alisarla y retirar la cinta antes de que cure.
Qué pasa si se deja una junta abierta
Una junta sin sellar o con la masilla rota es una entrada directa de agua al interior del cerramiento. La lluvia que empuja el viento llega a la cámara de aire, moja el aislamiento y acaba apareciendo como manchas de humedad en las viviendas próximas a la junta, a veces varias plantas por debajo del punto de entrada. Cuando la junta coincide con los frentes de forjado, esa humedad acelera la oxidación de las armaduras.
En invierno, el agua retenida en los bordes se hiela, y su expansión va rompiendo poco a poco los labios de la junta. Además, las juntas abiertas acumulan tierra, semillas e insectos, y no es raro ver pequeñas plantas creciendo en ellas en edificios descuidados. Lo que podía resolverse con un sellado acaba exigiendo reparar morteros, tratar armaduras y sanear interiores.









































