Casi todo en una fachada es trabajo en altura
En prevención de riesgos se considera trabajo en altura cualquier tarea en la que existe riesgo de caída a distinto nivel. En una fachada eso incluye prácticamente todo lo que queda por encima de la planta baja, desde cambiar una bajante en un primer piso hasta reparar la cornisa de un edificio de diez plantas. La pregunta, por tanto, no es si habrá que trabajar en altura, sino con qué medio y con qué medidas.
Esa elección condiciona casi todo lo demás: el tiempo que durará la obra, la ocupación de la calle, los trámites con el ayuntamiento, las molestias a los vecinos y, por supuesto, el nivel de riesgo para los trabajadores y para quienes pasan por debajo.
Cómo elegir el medio de acceso
No existe un medio mejor que los demás en términos absolutos. Para decidir, conviene analizar varios factores a la vez:
- La superficie que hay que tratar y si el trabajo es continuo o se concentra en puntos concretos.
- La duración prevista y la cantidad de material y maquinaria que habrá que manejar en altura.
- La altura del edificio y la forma de la fachada: vuelos, retranqueos, patios o medianeras.
- El espacio disponible en la calle y el estado del terreno donde apoyar.
- Las condiciones de la cubierta, si se plantea trabajar desde arriba.
Andamios
Son la opción natural para obras largas que afectan a toda la fachada, como una rehabilitación completa. Ofrecen una plataforma de trabajo estable en la que varios operarios pueden moverse con material y herramientas, y permiten colocar redes y lonas que protegen la calle. Su montaje debe hacerlo personal con formación específica y, para determinados andamios, la normativa exige un plan de montaje, de utilización y de desmontaje elaborado por un técnico competente.
Plataformas elevadoras
Las plataformas elevadoras móviles de personal son muy eficaces para trabajos puntuales a alturas moderadas: se colocan, se trabaja y se retiran en la misma jornada. Necesitan un suelo firme y nivelado, espacio suficiente para estabilizarse y un operador formado en su manejo. Su alcance es limitado, y en calles estrechas o con arbolado pueden no tener sitio.
Góndolas y plataformas suspendidas
Son plataformas que cuelgan de pescantes o carriles instalados en la cubierta y que suben y bajan mediante cabrestantes. Permiten trabajar a varias personas con material en edificios altos de fachada lisa, y son habituales en torres de oficinas, donde a menudo forman parte de la instalación fija del edificio.
Acceso mediante cuerdas
Es la opción más ligera y la que menos espacio ocupa, pero la normativa la reserva para situaciones concretas, como se explica más abajo. Resulta idónea en intervenciones puntuales, en patios interiores o donde no llegan los demás medios.
Lo que dice la normativa sobre los trabajos en altura
El marco general es la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales, que obliga a evaluar los riesgos de cada trabajo y a adoptar las medidas necesarias para evitarlos o reducirlos. En las obras de construcción se aplica además el Real Decreto 1627/1997, que establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud en obra y regula figuras como el plan de seguridad y salud o el coordinador de seguridad.
Para los trabajos en altura, la norma clave es el Real Decreto 2177/2004, que modificó la regulación sobre la utilización de equipos de trabajo para incluir los trabajos temporales en altura. Entre otras cuestiones, regula el uso de andamios y escaleras de mano y fija las condiciones para emplear técnicas de acceso y posicionamiento mediante cuerdas.
La protección colectiva va primero
Uno de los principios de esta normativa es dar prioridad a las medidas de protección colectiva, como barandillas, plataformas con protección perimetral o redes, frente a las individuales. El arnés no es la primera opción, sino el complemento o la alternativa cuando no es posible proteger de otro modo. Por eso las técnicas de cuerdas solo pueden utilizarse cuando la evaluación de riesgos indica que el trabajo puede hacerse de forma segura y el uso de otro equipo más seguro no está justificado, y siempre con dos cuerdas de sujeción independiente y operarios con formación adecuada y específica.
Proteger la calle y a quienes pasan por ella
Cualquier trabajo sobre una fachada que da a la vía pública tiene un riesgo añadido: la caída de herramientas, materiales o cascotes sobre peatones y vehículos. Instalar un andamio, una plataforma elevadora, vallas o un contenedor sobre la acera o la calzada requiere una autorización municipal de ocupación de la vía pública, que suele llevar asociada una tasa y unas condiciones concretas sobre el espacio ocupado y el tiempo de ocupación.
Las medidas de protección más habituales son estas:
- Pasos peatonales cubiertos bajo el andamio, o desvíos señalizados cuando hay que cortar la acera.
- Viseras o marquesinas que recogen los objetos que puedan caer.
- Redes y lonas en la cara exterior del andamio.
- Vallado de la zona de trabajo, con señalización e iluminación nocturna cuando ocupa la vía.
- Un ancho de paso libre suficiente para sillas de ruedas y carritos, y el acceso asegurado a portales y comercios.
El tiempo, otro factor de riesgo
La meteorología condiciona cualquier trabajo en altura. El viento es el factor más limitante: los fabricantes de plataformas elevadoras y de góndolas fijan una velocidad máxima de trabajo, y las lonas de un andamio aumentan mucho el empuje del viento sobre la estructura, por lo que deben estar previstas en su cálculo. Las tormentas obligan a suspender las tareas con elementos metálicos expuestos, y la lluvia o la helada vuelven resbaladizas las plataformas.
En Madrid hay que añadir el calor del verano. Trabajar a pleno sol en una fachada orientada al sur durante las horas centrales del día supone un riesgo real de golpe de calor, de modo que es habitual adelantar los horarios, organizar pausas y asegurar el acceso a agua.
Errores frecuentes al planificar un trabajo en altura
Muchos problemas aparecen antes de que nadie suba a la fachada. Elegir el medio de acceso solo por precio, sin valorar la duración real de la obra, lleva a usar plataformas para trabajos que habrían ido más rápido con andamio, o al revés. También es frecuente pedir tarde el permiso de ocupación de la vía pública, no prever dónde se van a acopiar los materiales o recurrir a escaleras de mano para tareas que, por su duración o su peligrosidad, exigen un equipo más estable.








































