Por qué una terraza castiga tanto la pintura
Pocas superficies de una casa trabajan en peores condiciones que el suelo de una terraza. Recibe el sol de lleno y en horizontal, que es como más calienta; se moja con la lluvia y con el riego de las macetas; y soporta pisadas, sillas que se arrastran y muebles que cambian de sitio. En los áticos de Madrid, además, el suelo alcanza en verano temperaturas muy altas y se enfría mucho en las noches de invierno, con los consiguientes movimientos del soporte.
Por eso una pintura de pared, aunque sea de exterior, no sirve para el suelo. Hace falta un producto pensado para resistir a la vez la abrasión, el agua estancada y la radiación solar, y un soporte bien preparado que le permita agarrar.
Pintar no es impermeabilizar
Es la confusión más frecuente. Una pintura de suelos protege y decora la superficie, pero no vuelve estanca una terraza que tiene filtraciones. Si aparecen manchas de humedad en el techo del piso de abajo, el problema suele estar en la lámina impermeabilizante que hay bajo el pavimento o en los encuentros con petos, sumideros y puertas, y una mano de pintura no lo resuelve.
Impermeabilizantes líquidos
Existe, eso sí, una solución intermedia: los impermeabilizantes líquidos, que se aplican como una pintura gruesa y forman una membrana continua, sin juntas. Los hay de base acrílica, de poliuretano y de otras resinas, y a menudo se refuerzan con una malla en los encuentros y en las fisuras. Algunos son transitables y pueden quedar vistos, a veces con una capa de acabado encima; otros necesitan protegerse con un pavimento. Elegir uno u otro depende del uso de la terraza y del estado del soporte.
En edificios de viviendas conviene recordar que muchas terrazas forman parte de la cubierta del edificio. Aunque su uso sea privado, la impermeabilización puede considerarse un elemento común según la Ley de Propiedad Horizontal y los estatutos, así que ante una filtración merece la pena hablar con la comunidad antes de actuar por cuenta propia.
Pinturas para suelos exteriores
No todas las pinturas de suelo valen para fuera. Las más habituales en terrazas son:
- Pinturas acrílicas para suelos: al agua, fáciles de aplicar y de renovar. Funcionan bien sobre cemento y hormigón con tránsito ligero.
- Pinturas de poliuretano: más duras y resistentes a la abrasión. Las de tipo alifático mantienen el color bajo el sol sin amarillear, lo que las hace muy adecuadas para exterior.
- Resinas epoxi: muy resistentes al desgaste, pero se degradan y amarillean con la radiación ultravioleta, así que en exterior solo tienen sentido protegidas con una capa de poliuretano encima.
Cuando el suelo es de baldosa
El soporte ideal para pintar es el cemento o el hormigón. Sobre baldosa la cosa se complica: el gres esmaltado es tan liso y cerrado que la pintura no agarra si no se lija y se aplica una imprimación de adherencia específica, y aun así el desgaste en las zonas de paso será mayor. Las baldosas de barro cocido, en cambio, son porosas y admiten mejor la pintura, aunque conviene limpiar antes las eflorescencias de sales. En todos los casos hay que comprobar que no haya piezas sueltas o huecas, porque la pintura no las va a sujetar.
Antideslizante: un detalle que se agradece con el primer chaparrón
Un suelo pintado y mojado puede resbalar mucho, sobre todo con acabados satinados. Para evitarlo se añade a la última mano un árido fino, normalmente arena de sílice o microesferas, que crea una rugosidad casi invisible. También hay pinturas que ya lo incorporan de fábrica. La contrapartida es que la superficie rugosa retiene algo más la suciedad y cuesta un poco más limpiarla.
El Código Técnico de la Edificación clasifica los suelos según su resbaladicidad y exige las clases más altas en las zonas exteriores de los edificios de uso público. En una vivienda no es obligatorio, pero sirve de referencia: en una terraza que se moja con frecuencia, un acabado antideslizante es casi siempre la opción sensata.
Paredes, petos y encuentros
Las paredes de la terraza siguen la lógica de cualquier paramento exterior, con algunas particularidades. La parte baja recibe las salpicaduras de la lluvia y del riego, y suele ser la primera en ampollarse o ensuciarse. Los petos, expuestos por ambas caras y por arriba, sufren más si la albardilla que los remata está rota o mal sellada, porque el agua entra por la parte superior y baja por dentro del muro.
El encuentro entre el suelo y la pared merece especial atención. Es una zona donde suelen abrirse fisuras por los movimientos de ambos elementos, y por ahí se cuela el agua. Antes de pintar conviene sellarlo con una masilla elástica apta para exterior, que acompañe esos movimientos sin romperse.
Humedad del soporte y temperatura del suelo
Antes de pintar, el suelo tiene que estar seco de verdad, no solo en superficie. Un truco sencillo para comprobarlo consiste en fijar con cinta un trozo de plástico transparente sobre el suelo y dejarlo un día: si aparece condensación debajo o el suelo se oscurece, todavía sale humedad del soporte y la pintura acabará ampollándose.
La temperatura de la superficie importa tanto como la del aire. En verano, un suelo al sol puede estar mucho más caliente que el ambiente, y la pintura se seca demasiado rápido, sin llegar a nivelar ni a agarrar bien. Lo prudente es pintar a primera hora de la mañana o cuando la terraza está en sombra, y respetar después el tiempo de curado que indique el fabricante antes de volver a pisar con normalidad y colocar los muebles.









































