Por qué tantas paredes acabaron con gotelé
El gotelé se extendió en España durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, hasta convertirse en el acabado por defecto de miles de pisos. Tenía ventajas claras para la época: se aplicaba deprisa con una máquina de proyección, era barato y, sobre todo, disimulaba las irregularidades de unas paredes que no siempre se dejaban perfectamente lisas.
Ese último punto es importante. Quitar el gotelé no consiste solo en eliminar una textura que ha pasado de moda; a menudo significa descubrir unas paredes con desniveles, parches y uniones que llevaban décadas ocultas. Conviene tenerlo presente desde el principio, porque condiciona todo el trabajo posterior.
Gotelé al temple o gotelé plástico: la primera pregunta
No todo el gotelé es igual, y el método para quitarlo depende de cómo se hizo. Durante años se aplicó sobre todo con pintura al temple, una mezcla de cargas minerales y cola que se disuelve con agua. Más adelante se generalizó el gotelé con pintura plástica, mucho más resistente. Y en muchos pisos el gotelé original al temple se ha repintado después con plástica, lo que complica las cosas.
La prueba del agua
Para saber ante qué tipo de gotelé estás, basta con mojar una zona pequeña con una esponja o un pulverizador, esperar unos minutos y rascar con una espátula. Si la pasta se ablanda y se desprende con facilidad, es temple. Si la superficie apenas cambia y la espátula resbala, es plástico, o temple cubierto por una capa plástica. Conviene repetir la prueba en varias estancias, porque no siempre se usó lo mismo en toda la casa.
Los métodos para eliminarlo
Según el tipo de gotelé y el estado de la pared, hay varias formas de acabar con él:
- Humedecer y rascar. Es el método propio del gotelé al temple. Se empapa la pared por tramos, se deja que el agua penetre y se retira la pasta con espátula o rasqueta. Ensucia mucho, pero deja a la vista el soporte original.
- Lijar. Un gotelé plástico de poco relieve se puede rebajar con lijadora, preferiblemente con aspiración. Levanta una gran cantidad de polvo y rara vez deja la pared lista por sí solo.
- Tapar con masilla. Es el método más habitual con el gotelé plástico: en lugar de quitarlo, se cubre con varias capas de masilla hasta hacerlo desaparecer bajo una superficie lisa.
- Trasdosar. Cuando la pared está muy deteriorada, se puede forrar con placas de yeso laminado. Es una solución más invasiva, que resta algo de espacio y obliga a adelantar enchufes e interruptores.
Cómo se consigue una pared lisa
Tanto si el gotelé se ha rascado como si se va a tapar, el objetivo final es el mismo: una superficie plana y uniforme. A ese trabajo se le llama alisado o tendido, y es el que más oficio requiere.
Si el gotelé se mantiene, primero se rascan las gotas más salientes para reducir el relieve y se aplica un fijador o una imprimación que asegure la adherencia de la masilla. Después se tiende con llana una primera capa que rellena los huecos entre gotas y, una vez seca, una segunda capa más fina que iguala el plano. A veces hace falta una tercera.
Tras el secado llega el lijado, que se revisa con luz rasante: una lámpara colocada casi pegada a la pared, en paralelo a ella, que proyecta sombras sobre cualquier bulto o hueco que a simple vista pasa desapercibido. Es la forma más fiable de detectar defectos antes de pintar, porque una pared lisa recién pintada los delata todos. Por último, una mano de imprimación selladora unifica la absorción de la masilla para que la pintura no quede a manchas.
Errores que se pagan semanas después
Quitar el gotelé tiene sus trampas, y algunas no dan la cara hasta tiempo más tarde:
- Tender masilla sobre gotelé al temple sin fijarlo: el temple tiene poca cohesión y la masilla acaba despegándose junto con él.
- Aplicar capas demasiado gruesas de una sola vez, que tardan en secar y tienden a agrietarse.
- Pintar directamente sobre la masilla sin sellarla, lo que produce manchas de distinto brillo.
- Empapar en exceso tabiques de pladur con gotelé, porque el cartón de las placas se reblandece y puede dañarse.
- No proteger bien suelos, carpinterías y enchufes del agua y de la pasta, que al secarse cuesta mucho limpiar.
También hay que contar con el polvo. El lijado de la masilla genera un polvo muy fino que se cuela por cualquier rendija, así que es imprescindible sellar las puertas con plástico, retirar todo lo posible de la estancia y trabajar con mascarilla y gafas.
Paredes y techos sin textura
Una pared lisa cambia la forma en que la luz se refleja en la habitación. Desaparecen las pequeñas sombras de las gotas y el color se ve más limpio y uniforme, pero cualquier defecto queda más expuesto. Por eso, tras el alisado, suelen preferirse los acabados mates, que perdonan más que los satinados.
El caso de los techos
Retirar o tapar el gotelé del techo es un trabajo más pesado, por la postura y porque el material cae sobre quien trabaja. En algunas viviendas se decide alisar las paredes y mantener el techo con su textura, o dejarlo para una segunda fase; es una opción razonable siempre que el contraste entre ambas superficies no moleste.









































