El terreno propio del albañil en una vivienda
El albañil es el oficio que levanta, reviste y prepara la obra para que el resto de gremios puedan trabajar. En una vivienda, su campo abarca todo lo que tiene que ver con fábricas de ladrillo, morteros, yesos y bases de suelos y paredes. Aunque algunas tareas se han ido especializando, siguen siendo trabajos de albañil, entre otros:
- Levantar y demoler tabiques de ladrillo, y abrir o cerrar huecos de paso en paredes que no son estructurales.
- Enfoscar con mortero de cemento, y guarnecer y enlucir con yeso, paredes y techos.
- Hacer recrecidos y regularizaciones del suelo para dejarlo a nivel antes de colocar el pavimento.
- Colocar solados, alicatados, peldaños y vierteaguas.
- Abrir y tapar las rozas por las que discurren las instalaciones de fontanería y electricidad.
- Recibir premarcos de puertas y ventanas, platos de ducha o bañeras de obra.
Materiales con los que se trabaja
Ladrillo y bloque
En la tabiquería interior, el ladrillo hueco sencillo o doble sigue siendo habitual, junto con los ladrillos de gran formato, que permiten avanzar más deprisa y con menos juntas. El ladrillo macizo y el perforado se reservan para muros que deben soportar más carga, quedar vistos o servir de apoyo a elementos pesados. En algunos casos se recurre también a bloques de hormigón o de hormigón celular, más comunes en cerramientos y trasteros.
Morteros y yesos
El mortero de cemento resiste la humedad y se usa en baños, cocinas, fachadas y bases de suelo; el yeso, más rápido de aplicar y fácil de alisar, es el revestimiento tradicional de paredes y techos interiores secos. Hoy la mayoría se compran como morteros secos predosificados, que solo necesitan agua, lo que da resultados más regulares que la mezcla hecha a ojo en la obra.
Productos de preparación
Los morteros autonivelantes, las imprimaciones de adherencia, las mallas de refuerzo y los morteros de reparación han ampliado mucho las posibilidades del oficio. Permiten, por ejemplo, regularizar un suelo con pocos milímetros de espesor o asegurar la unión entre materiales que, de otro modo, tenderían a separarse y a fisurarse con el tiempo.
El orden lógico de una obra de albañilería
En una reforma, la albañilería no se hace de una sola vez, sino en fases que se alternan con los demás oficios. Respetar esa secuencia evita tener que romper lo que ya está terminado.
- Protección de las zonas que no se van a tocar y demoliciones.
- Replanteo y construcción de los nuevos tabiques.
- Rozas para las instalaciones de fontanería, electricidad y, si la hay, calefacción.
- Cierre de rozas y revestimiento de paredes y techos.
- Recrecidos y nivelación de suelos.
- Alicatados y solados.
- Remates, rodapiés, repasos y limpieza final de obra.
Entre algunas de estas fases hay que dejar tiempos de secado que dependen del material, del espesor aplicado y de la época del año. Acortarlos es una de las causas más frecuentes de fisuras, desprendimientos y pavimentos que se despegan.
Cómo valorar un presupuesto de albañilería
Comparar presupuestos solo por el importe final rara vez sirve, porque cada uno puede incluir cosas muy diferentes. Un presupuesto útil desglosa el trabajo en partidas con su unidad de medida, ya sean metros cuadrados de tabique, metros lineales de rodapié o unidades de puertas recibidas, y describe con cierto detalle qué comprende cada una.
Al revisar varias propuestas, conviene comprobar:
- Si los materiales están incluidos y con qué calidades, o si se presupuesta solo la mano de obra.
- Si las mediciones coinciden, de forma aproximada, entre unos presupuestos y otros. Las diferencias grandes suelen indicar que alguno no ha contemplado todo.
- Quién se encarga de la retirada de escombros, del contenedor o los sacos y de los permisos asociados.
- Cómo se tratarán los imprevistos que aparezcan al demoler, como tuberías en mal estado o viguetas dañadas.
- Qué preparación del soporte se incluye antes del revestimiento o del solado.
Preguntas que conviene hacer antes de empezar
Una conversación previa clara evita la mayoría de los malentendidos en una obra. Además del precio, merece la pena preguntar cómo se organizará el trabajo y qué se espera de cada parte: si habrá que coordinarse con un fontanero o un electricista y quién lo hará, cómo se protegerán los muebles y los suelos que se conservan, en qué horario se trabajará y cómo se comunicarán los cambios que surjan sobre la marcha. También es razonable pedir que esos cambios se valoren por escrito antes de ejecutarlos, aunque sean pequeños.
Si la obra afecta a elementos comunes del edificio, como las bajantes generales, la fachada o la estructura, hay que contar además con la comunidad de propietarios, cuya autorización será necesaria en muchos casos.
Permisos, escombros y vecinos
Casi cualquier obra de albañilería en una vivienda necesita algún tipo de comunicación al ayuntamiento. En Madrid y en buena parte de los municipios de la Comunidad, las obras interiores que no afectan a la estructura ni a la fachada suelen tramitarse mediante declaración responsable, mientras que las de mayor alcance requieren licencia. En ambos casos se liquida el Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras, el ICIO, cuyo tipo fija cada ayuntamiento.
Los escombros deben gestionarse como residuos de construcción y demolición, entregándolos a un gestor autorizado o, en cantidades pequeñas, en un punto limpio. Si se coloca un contenedor o un saco en la calle, hace falta autorización municipal para ocupar la vía pública. Y en cuanto a los vecinos, avisar con antelación, respetar los horarios y proteger el portal y el ascensor durante la obra evita la mayoría de las quejas.









































