Una ciudad que creció deprisa
Torrejón de Ardoz pasó en pocas décadas de ser un pueblo agrícola a una de las ciudades más pobladas de la Comunidad de Madrid. La base aérea, instalada a mediados del siglo pasado, y la industria que fue ocupando el Corredor del Henares atrajeron a miles de familias, y la ciudad respondió construyendo con rapidez. El resultado es un parque de viviendas dominado por pisos en bloques de vecinos levantados entre los años sesenta y ochenta, con promociones más recientes en los bordes del casco urbano y, sobre todo, en Soto Henares.
Para quien se plantea una reforma integral, esto tiene una consecuencia clara: la mayoría de las obras se hacen en pisos que llevan cuarenta o cincuenta años con las mismas instalaciones, dentro de edificios con comunidades veteranas y zonas comunes pensadas para otra época.
Lo que aparece al abrir paredes
Desmontar una vivienda de esa generación rara vez deja indiferente. Hay hallazgos que se repiten casi en cada obra:
- Cableado sin toma de tierra o con secciones insuficientes, empalmes dentro de cajas improvisadas y un cuadro con muy pocos circuitos.
- Tuberías de hierro galvanizado con el interior reducido por la cal y el óxido, y algún tramo antiguo de plomo.
- Bajantes y conductos de fibrocemento.
- Varias capas de suelo superpuestas a lo largo de los años, con recrecidos de mortero que roban altura y añaden peso.
- Tabiques de ladrillo hueco sencillo que soportan mal el peso de muebles colgados y apenas frenan el ruido.
Nada de esto es grave si se conoce de antemano, pero conviene tenerlo presente en el presupuesto. Una reforma que se limita a cambiar acabados sobre instalaciones viejas sale cara a medio plazo, porque cualquier avería posterior obliga a romper lo que se acaba de estrenar. La nueva instalación eléctrica, además, debe ejecutarla un instalador autorizado, que emite el certificado necesario para contratar o ampliar la potencia.
Un apartado propio para el fibrocemento
Durante buena parte del siglo pasado, bajantes, depósitos y conductos de ventilación se fabricaron con fibrocemento que contenía amianto. Mientras el material está intacto y no se manipula, el riesgo es bajo; el problema surge al cortarlo, taladrarlo o romperlo, porque libera fibras peligrosas. Su retirada debe hacerla una empresa inscrita en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto (RERA), con un plan de trabajo aprobado por la autoridad laboral y una gestión específica del residuo. Si la bajante es común, la decisión de sustituirla corresponde a la comunidad, aunque pase por dentro de tu cocina o tu baño.
Abrir la cocina cuando hay gas
Una de las peticiones más frecuentes en estos pisos es unir cocina y salón. Las cocinas de la época son cerradas, a menudo estrechas, con una galería o tendedero al fondo, y abrirlas cambia por completo la sensación de amplitud. El inconveniente aparece cuando hay aparatos de gas: la normativa de instalaciones de gas impone condiciones de ventilación y de ubicación a calderas, calentadores y cocinas que limitan mucho su integración en un espacio abierto.
Por eso muchas reformas aprovechan para cambiar de modelo. La placa de inducción sustituye a los fuegos de gas y, si la caldera se mantiene, se reubica en un punto que cumpla los requisitos. Otras optan por la aerotermia para calefacción y agua caliente, aunque en un piso eso obliga a encontrar sitio para la unidad exterior, algo que depende de la comunidad y del espacio disponible en la galería o la terraza. Cualquier modificación de la instalación de gas debe realizarla una empresa habilitada, que también se encarga de certificarla.
Ruido: ventanas, paredes y suelos
Torrejón tiene focos de ruido que pesan en determinadas zonas: la A-2, la línea de tren que cruza la ciudad, las avenidas con más tráfico y, según el momento, la actividad de la base aérea. Una reforma integral permite mejorar mucho el confort acústico sin obras estructurales. Las ventanas son el primer frente: un doble acristalamiento con vidrios de distinto grosor, o con vidrio laminado acústico, frena mejor el ruido que dos vidrios iguales, y el cajón de la persiana tiene que quedar bien aislado y sellado. Hacia dentro, un trasdosado de placa de yeso laminado con lana mineral en la pared que linda con el vecino reduce las molestias, y un suelo con lámina antiimpacto lo agradecerá quien vive en el piso de abajo.
Soto Henares y las promociones recientes
En los barrios más nuevos, con Soto Henares como ejemplo más claro, la situación es casi la opuesta. Las viviendas tienen instalaciones actuales, ascensor, garaje y, en muchos casos, urbanización con piscina. Cuando se reforma suele ser para adaptar la casa a la familia: cambiar la distribución que eligió el promotor, sustituir acabados estándar por otros de más calidad o mejorar el almacenaje. En estas viviendas las instalaciones suelen discurrir por el suelo y por los falsos techos de pasillos y baños, lo que facilita mover tomas y puntos de luz sin grandes demoliciones. Lo que más condiciona son los estatutos y normas internas de la comunidad, que en muchas promociones regulan con detalle la estética exterior.
Permisos y vida en comunidad durante la obra
La reforma de un piso que no toca estructura ni fachada se tramita, por regla general, mediante declaración responsable ante el Ayuntamiento, acompañada de la documentación requerida y del pago del ICIO y de la tasa municipal. Si se modifican elementos estructurales, se actúa sobre la fachada o cambia el uso del inmueble, el procedimiento pasa a ser una licencia con proyecto técnico.
Más allá del papeleo, en un bloque la obra se vive en comunidad. Hay que respetar los horarios que marcan la ordenanza municipal y, en su caso, las normas del edificio, proteger ascensor, portal y escalera, y prever dónde se coloca el contenedor o los sacos. Si el edificio no tiene ascensor, algo habitual en los bloques más antiguos, subir material y bajar escombro a mano marca el ritmo de los trabajos y conviene contar con ello en la planificación.









































